Con apenas 12 años, el deportista mexicano consiguió dos medallas de oro en el Campeonato Mundial Juvenil de Kickboxing WAKO 2026, celebrado en Jesolo, Italia. Su trayectoria, que ya incluye participaciones internacionales y títulos panamericanos, comienza a perfilarlo como uno de los talentos más interesantes de las nuevas generaciones del kickboxing nacional.

Ciudad de México, México a 25 de octubre de 2026. A los doce años, el mundo suele ser todavía un territorio por descubrir. Hay quienes apenas comienzan a encontrar sus intereses, quienes sueñan con viajar a otros países y quienes imaginan, desde la distancia, lo que significaría representar algún día a su nación.
Saúl Kaled Ramírez Arzate ya conoce una parte de ese mundo.
Ha viajado a Europa para competir, ha vestido los colores de México frente a deportistas de otras naciones y ha experimentado una de las mayores satisfacciones que puede ofrecer el deporte, subir a lo más alto de un podio mundial.
En septiembre de 2026, durante el Campeonato Mundial Juvenil de Kickboxing de WAKO celebrado en Jesolo, Italia, el joven mexicano consiguió dos medallas de oro, una en Formas Musicales y otra en Point Fighting, dentro de la división masculina de 10 a 12 años y menos de 37 kilogramos en esta última modalidad.
El resultado lo convirtió en doble campeón mundial en una misma edición del campeonato, una distinción particularmente relevante por tratarse de dos especialidades que exigen capacidades técnicas diferentes.
Sin embargo, para comprender la dimensión de lo conseguido en Italia es necesario mirar algunos años atrás, cuando Saúl todavía comenzaba a familiarizarse con las competencias internacionales.
Budapest, el comienzo de una trayectoria internacional
Nacido el 15 de junio de 2014, Saúl pertenece a una generación de deportistas mexicanos que ha encontrado en los campeonatos juveniles de WAKO una oportunidad para adquirir experiencia competitiva desde edades tempranas.
En 2024 participó en el Campeonato Mundial Juvenil celebrado en Budapest, Hungría, donde compitió en Point Fighting, dentro de la división de menos de 32 kilogramos, y en pruebas de formas.
Aquella experiencia representó una etapa importante de su formación. Competir en un campeonato mundial implica enfrentarse a deportistas procedentes de escuelas con distintas tradiciones técnicas, ritmos de combate y métodos de preparación.
En el Point Fighting, particularmente, esas diferencias pueden resultar decisivas. Un movimiento ejecutado una fracción de segundo antes, una lectura correcta de la distancia o la capacidad para anticipar un ataque pueden determinar el resultado de un intercambio.
Por ello, la experiencia internacional constituye una herramienta valiosa para los atletas en formación, incluso cuando sus primeras participaciones no terminan necesariamente con una medalla.
Saúl continuó su preparación y, con el paso de las competencias, comenzaron a llegar resultados de mayor importancia.
Durante 2025 alcanzó el primer lugar panamericano en Point Fighting, dentro de la división de menos de 37 kilogramos, consolidando su presencia en las competencias internacionales de su categoría.
De esta manera, el camino que había comenzado en Budapest encontró continuidad en el continente americano y, posteriormente, regresaría a Europa.
Jesolo 2026, dos caminos hacia el mismo podio
Entre el 18 y el 27 de septiembre de 2026, la ciudad italiana de Jesolo recibió a las delegaciones participantes en el WAKO World Youth Kickboxing Championships.
Para Saúl, aquella competencia representaba una nueva oportunidad de medirse con algunos de los mejores exponentes juveniles de su disciplina.
No obstante, su participación tenía una particularidad. Mientras muchos deportistas concentran su preparación en una sola especialidad, el mexicano competía en dos modalidades que requieren habilidades diferentes.
Por un lado estaba el Point Fighting, una disciplina de combate por puntos en la que la velocidad, la precisión, el control de la distancia y la capacidad de reacción resultan fundamentales. Los competidores deben encontrar oportunidades de ataque mientras procuran evitar las respuestas de sus adversarios, en intercambios que pueden resolverse en cuestión de segundos.
Por otro lado se encontraban las Formas Musicales, una modalidad donde el atleta ejecuta una secuencia técnica coordinada con música y en la que adquieren especial importancia la dificultad, el equilibrio, la coordinación y la calidad de los movimientos.
Aunque ambas forman parte del kickboxing, sus exigencias competitivas son distintas.
En Jesolo, Saúl consiguió imponerse en las dos.
Primero, la Federación Nacional de Kickboxing y WAKO México difundieron su campeonato mundial en Formas Musicales, categoría juvenil masculina de cintas de color.

Días después llegó la confirmación de una segunda medalla de oro, esta vez en Point Fighting, dentro de la categoría masculina de 10 a 12 años, división de menos de 37 kilogramos.

Así, el joven mexicano concluyó su participación con dos títulos mundiales.
El resultado adquirió una dimensión especial porque reunió, en un mismo deportista, la capacidad de destacar tanto en una prueba de ejecución técnica como en una competencia de combate directo.
Dos modalidades, una formación deportiva
El caso de Saúl permite observar una característica interesante dentro de la formación de los jóvenes practicantes de artes marciales.
Su participación en Point Fighting y Formas Musicales muestra un desarrollo deportivo que no se ha limitado exclusivamente al combate.
Mientras el Point Fighting exige interpretar constantemente los movimientos de un adversario, tomar decisiones bajo presión y responder con precisión, las formas requieren memorizar secuencias, controlar el cuerpo y ejecutar movimientos con un elevado grado de coordinación.
Ambas disciplinas comparten fundamentos técnicos, pero demandan formas diferentes de preparación.
En este sentido, los resultados obtenidos por Saúl plantean una reflexión sobre la importancia de una formación amplia durante las primeras etapas del desarrollo deportivo.
La especialización competitiva puede llegar con los años, pero la adquisición de distintas habilidades técnicas y motrices constituye una parte importante del aprendizaje de los jóvenes atletas.
Por supuesto, dos títulos mundiales no permiten anticipar automáticamente el futuro de un deportista. Las categorías cambian, los rivales evolucionan y las exigencias físicas aumentan conforme avanza la edad.
Sin embargo, los resultados de Jesolo representan un antecedente importante dentro de su trayectoria y confirman que Saúl ha conseguido destacar internacionalmente en dos especialidades diferentes.
El trabajo que no aparece en las fotografías
Las imágenes de una premiación suelen mostrar apenas unos instantes de una historia mucho más extensa.
Se observa al deportista, la medalla y, en ocasiones, la bandera de su país. Lo que permanece fuera de la fotografía son los meses de preparación, las sesiones de entrenamiento y el trabajo necesario para llegar a una competencia internacional.
En el caso de los atletas infantiles, además, ese proceso difícilmente puede comprenderse sin considerar el acompañamiento de sus familias y entrenadores.
Viajar a otro país, participar en un campeonato mundial y mantener una preparación constante exige organización, recursos y una red de apoyo que permita al deportista concentrarse en su formación.
Por ello, los resultados de Saúl también invitan a reconocer la importancia de quienes participan en el desarrollo de los jóvenes talentos mexicanos, aunque sus nombres no siempre aparezcan junto a los de los campeones.
Las medallas pertenecen al atleta, pero el camino hacia ellas suele construirse colectivamente.
El futuro de un campeón de doce años
Con los títulos obtenidos en Jesolo, Saúl Kaled Ramírez Arzate ha sumado uno de los capítulos más importantes de su todavía breve trayectoria deportiva.
Su participación mundialista en Budapest durante 2024, los resultados panamericanos de 2025 y las dos medallas de oro conseguidas en Italia durante 2026 muestran una continuidad competitiva que merece atención.
Sin embargo, quizá lo más interesante de su historia sea precisamente aquello que todavía no conocemos.
Saúl tiene doce años. Se encuentra en una etapa en la que el crecimiento físico, la formación académica, la evolución técnica y las experiencias personales seguirán influyendo en su desarrollo.
El desafío de los próximos años no será únicamente volver a ganar una medalla, sino encontrar las condiciones necesarias para continuar aprendiendo y disfrutando del deporte mientras avanza hacia nuevas categorías competitivas.
Porque en el deporte infantil, el verdadero éxito no debería medirse exclusivamente por la cantidad de títulos obtenidos a una edad determinada, sino también por la posibilidad de construir una trayectoria saludable, sostenible y llena de oportunidades.
México tiene hoy a un joven deportista que ya sabe lo que significa conquistar dos títulos mundiales.
Y aunque todavía es demasiado pronto para saber hasta dónde llegará, sus resultados merecen ocupar un lugar dentro de la historia reciente del kickboxing juvenil mexicano.
En Budapest comenzó a adquirir experiencia mundialista. En el circuito panamericano continuó desarrollándose. En Jesolo consiguió dos medallas de oro.
El resto de su historia permanece abierto.
Tal vez dentro de algunos años volvamos a encontrar su nombre en los resultados de una gran competencia internacional. Tal vez sus próximos desafíos lo conduzcan por caminos distintos.
Por ahora, lo que sabemos es suficiente para reconocer su logro.
Saúl Kaled Ramírez Arzate tiene doce años y ya es dos veces campeón mundial de kickboxing.
Y en un país donde tantas historias deportivas transcurren lejos de la atención pública, la suya merece ser contada.
SunTzu y Jorge Díaz, la formación detrás de un doble campeón mundial
Las medallas suelen llevar el nombre de quien las conquista, pero detrás de cada deportista existe una historia que pocas veces aparece en las fotografías de los podios.
En el caso de Saúl Kaled Ramírez Arzate, esa historia también está vinculada con SunTzu y el trabajo de su profesor Jorge Díaz, quien forma parte de su proceso de preparación deportiva.

Es en las escuelas donde se construyen los fundamentos que, años después, pueden marcar la diferencia durante una competencia internacional. Allí se aprende a controlar la distancia, perfeccionar una técnica, interpretar los movimientos de un adversario y comprender que el progreso deportivo requiere mucho más que talento.
En este sentido, los resultados obtenidos por Saúl en Jesolo también representan un reconocimiento al trabajo formativo desarrollado en SunTzu, donde la preparación de jóvenes competidores constituye una parte importante del proyecto deportivo.
La conquista de dos títulos mundiales en disciplinas tan diferentes como Point Fighting y Formas Musicales permite apreciar la amplitud de las habilidades que Saúl ha desarrollado durante su formación.
Sin embargo, el desafío para su entrenador y su entorno deportivo no termina con las medallas. A sus doce años, Saúl todavía tiene por delante un largo proceso de crecimiento, durante el cual será fundamental continuar fortaleciendo sus capacidades sin perder de vista su desarrollo personal y académico.
Porque formar a un campeón mundial representa un logro extraordinario, pero acompañar a un niño para que pueda seguir creciendo, aprendiendo y disfrutando del deporte constituye una responsabilidad todavía mayor.
Por ello, al reconocer los dos títulos mundiales de Saúl Kaled Ramírez Arzate, también merece destacarse la labor de SunTzu y del profesor Jorge Díaz, cuyo trabajo forma parte de esta historia del kickboxing mexicano.
Nota editorial: La presente nota fue conformada con información disponible en redes sociales acerca de los campeonatos en Budapest y conformada con información de los WAKO Youth World Championships 2026.

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